Negro

Negro, mi querido gatito zen.

 

El azar quiso que te cogiera a tí entre todos tus hermanos negros y tu hermanito negro y blanco. Eras tan chiquitín.

 

Que gran gato has sido, tan amoroso y amigable. Siempre congeniabas con cualquier humano o animal con el que te tocó convivir en las varias mudanzas que sufriste, pero siempre te adaptabas genial.

 

Lo que más echo de menos de tí es cómo venías siempre al sofá a apretujarte contra nosotros. Cuanto más pegadito mejor y con la patita en nuestro brazo. Siempre encima nuestro, dándonos amor y calor. Ese amor gatuno que dais porque vosotros elegís darlo.

 

Fue una suerte para tí no haber padecido una larga enfermedad, pero a nosotros tu repentina marcha nos ha dejado un brutal vacío y un corazón hecho pedazos.

 

Te queremos infinito y te dimos la mejor vida que pudimos ofrecerte.

Que descanses en la eternidad, mi pequeño.

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